Si tu método de comunicación no es con pictogramas o señales de humo, entonces utilizas la voz para transmitir tu texto en una actuación o grabación.
Vamos a ver qué modificar en función de cómo sentimos nuestra voz durante o después de su uso.

La energía del dragón
Sí, estoy llamando dragón a tu voz, porque me parece potente e importante para tu práctica. Y también me parece mejor eso que llamarla Angelines o Eustaquio.
Con energía nos referimos a la presión o fuerza que percibimos al fonar. Muchas veces notamos que todo se nos va a la garganta y eso nos cansa.
Probablemente se deba a un exceso de volumen y de aire.
Prueba a hablar más flojito: ¿se te sigue cargando o se te pasa?
- Si se te pasa, entonces sí se trata de volumen. Deja de hablar alto (e incluso de gritar) y disfruta de lo que dices, controla tu fade.
- Si no se te pasa, mete la energía en el “ascensor”.
La energía en el ascensor
Si no es volumen, entonces es posible que se trate de la colocación: la energía no se envía desde el lugar adecuado y eso la convierte en nociva -habitualmente por exceso-.
El ascensor es otra imagen mental que representa algo; y, en este caso, el ascensor se mueve por tu rango vocal, es decir, tu tesitura, que es la distancia que abarca tu voz, desde tu nota más grave hasta tu nota más aguda.
Una peculiaridad de este ascensor es que tiene la forma de un tobogán enroscado que va desde la cabeza hasta el pecho.
Nuestro sonido más grave lo situaremos en el pecho y subirá pasando por la nuca hasta la coronilla (de ahí a la forma enroscada).
¡Ojo!, que la gracia del enroscado es no sentir que pasa por la garganta.
Haz pruebas, emite sonido (por ejemplo, con una “rrrr”) y cierra los ojos. Sube y baja la afinación e imagina ese sonido moviéndose por el tobogán. Tócate, tienes que darte pistas sobre el lugar por donde quieres percibir esa energía.
Enviar la energía:
- Si te notas en una franja grave de tu voz, ponte la mano en el pecho y siente cómo envías hacia ahí el sonido; en esa zona deberías notar la vibración del aire.
- Cuando subas el sonido hacia los agudos, ponte las manos en la cabeza (desde encima de las orejas) y permite que te vibre toda ella.
¿Para qué sirve todo este trabajo?
Para tener el control de la emisión y aprender a modificarlo.
Recuerda que lo principal es no forzar la garganta y controlar la duración y la potencia del sonido al gusto. Si te interesa, aquí tienes el curso de voz para artes escénicas impartido por La Maria Rosa, la autora de este post 🙂






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