Miguel Gila es, sin duda, uno de los grandes genios del humor que ha dado España. Su obra ha traspasado barreras generacionales y su figura sosteniendo un teléfono, a través del cual desplegaba sus monólogos, se ha convertido en un icono del humor a la altura de los pasos de Chiquito de la Calzada o de Eugenio sosteniendo un cigarro con una mano y un cubata con la otra.
Pero no todo el mundo sabe que, además de ser un excelente cómico sobre el escenario, Gila fue un extraordinario humorista gráfico, que publicó su trabajo en revistas como La Codorniz y Hermano Lobo. En esta, concretamente, reunió una colección de viñetas antológicas. En el excelente El libro de Gila (Blackie Books, 2019, edición de Jorge de Cascante) se pueden encontrar muchos ejemplos, pero vamos a aprovechar este espacio para ver algunas de sus mejores viñetas de Hermano Lobo. Más de una, por cierto, se analiza en el curso de Los secretos del humor gráfico.
Temas comunes en las viñetas de Miguel Gila
La esencia del humor absurdo
Pocas viñetas sintetizan mejor el espíritu más puro del humor absurdo que este triple salto mortal que discurre a través del texto pero culmina con un elemento puramente gráfico, esa gallina que desafía la ilógica de toda la situación subiendo las apuestas del caos absoluto del discurso.
Los paletos ilustrados
Las viñetas protagonizadas por personas del ámbito rural fueron una constante en toda la trayectoria de Gila. En ellas, se jugaba a poner en su boca discursos científicos o metafísicos en principio impropios de estos personajes, de una forma muy parecida a la que años más tarde empleará José Luis Cuerda en Amanece que no es poco. Su visión es más empática que cruel con la realidad del campo y el atraso al que el franquismo lo condenó, pero es innegable que, al mismo tiempo, rebosan de un humor desternillante.
Reírse de la muerte
La muerte en todas sus formas es otra constante en la obra de Gila. En sus viñetas, la mirada hacia ella es siempre negra, pero, al mismo tiempo, liberadora. Sus suicidas, especialmente, se enfrentan a la insensibilidad de la sociedad, incluso de su familia, cuando deciden quitarse la vida. Las variaciones sobre el mismo tema que Gila dibujó en Hermano Lobo suponen un auténtico catálogo que reflexiona sobre el sentido de la muerte y, sobre todo, expone el sufrimiento descarnado de unos personajes desvalidos.
Ricos contra pobres
El posicionamiento político de Gila, si bien nunca se hace explícito en las páginas del semanario Hermano Lobo, resulta palpable en las viñetas en las que mendigos y pobres son víctimas de una violencia cruel ejercida por quienes detentan el poder. Esta viñeta que he seleccionado resulta especialmente sangrante, porque retuerce la empatía que manifiesta el cazador de clase alta que dispara a sangre fría a un desdichado que, eso sí, ha dejado de sufrir.
La violencia de género
Entramos en terreno espinoso: la violencia de género es uno de los temas con los que más ha cambiado la sensibilidad social desde los tiempos de la transición, donde estaba más aceptada, dentro de unos límites y en el ámbito estrictamente privado. En ese contexto, estas viñetas deben entenderse no como una mofa hacia las mujeres que sufrían malos tratos, sino como una negra denuncia de la brutalidad de sus maridos. No hay más que ver la cara de la mujer muerta y el rostro del cazurro de su esposo, en la viñeta escogida, para darnos cuenta de quién es el verdugo y quién la víctima de una situación propia de la España profunda.
El absurdo de la guerra (Miguel Gila vivió)
La guerra y su falta de sentido fueron, precisamente, los protagonistas de uno de los monólogos más célebres de Gila —“¿Está el enemigo? Que se ponga”—. Ciertamente, hay pocos escenarios más propicios para el humor negro que un conflicto bélico, donde los soldados de a pie disparan a otros que tienen enfrente sin saber muy bien por qué. Gila visitó la guerra constantemente, para denunciar su crueldad pero, sobre todo, su falta de lógica. Pocas viñetas resultan más absurdas que aquellas que abordan la guerra desde el punto de vista del soldado que no encuentra su sitio, que sabe que no debería estar allí y que lo único que quiere es irse a casa.
Estas seis viñetas son excelentes ejemplos de la maestría de Miguel Gila en el campo del humor gráfico. Se trata de uno de los autores a los que hay que estudiar con más detenimiento para entender sus mecanismos o aprender a realizar viñetas nosotros mismos. Si te has quedado con ganas de ver más, la revista de Hermano Lobo está totalmente digitalizada y es accesible en https://www.hermanolobodigital.com/bcrono.php
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Gerardo es profesor, historiador y crítico de cómic, además del autor de Breve historia del cómic (Nowtilus, 2014) y La satírica transición: revistas de humor político en España (1975-1982) (Marcial Pons, 2021), entre otros.
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