Un relato de Daniel Ramírez
Te vas a caer. – decía mi madre cada vez que me veía salir del trastero cargado con el patinete. Nunca supe si estaba expresando precaución o deseo. Tampoco me atreví jamás a preguntarlo. En su lecho de muerte, agonizando y saltando entre la consciencia y la inconsciencia como si practicara parkour, no supo darme una respuesta y, sinceramente, yo tampoco supe transmitir con claridad lo que necesitaba. Todo fue muy rápido y los ambulancieros no paraban de estorbar.
De tanto escuchar ese mantra, empecé a fantasear con la idea. ¿Y si ella sabía algo sobre las caídas que yo no?

Cuando llegué al instituto lo vi claro; para aprender a levantarse, primero era necesario controlar el noble arte de caerse. Robé el tablón de madera con la palabra “Resiliencia” tallada por nosotros mismos en clase de plástica que coronaba nuestra aula. Irónicamente, ese tablón me provocó una caída durante el trayecto de vuelta a casa esa tarde. Esto solo hizo que reafirmarme en mi idea; debía caer muchas más veces. Ni un día y mis decisiones ya me estaban ayudando a crecer.
Aprendí que era mejor caer de lado que de frente, que era bastante importante esquivar el asfalto, y que las mejores estaciones para caer eran la primavera y el verano. Con el tiempo, aprendí a caer siempre en espacios no pavimentados, ni cubiertos de grava, ni cercanos a zanjas metálicas. La hierba amortiguaba cualquier golpe, y humedecía todo mi cuerpo si no me levantaba rápido.
Entiendo por qué ella escogió un edificio con jardín delante, y entiendo por qué escogió hacerlo un 20 de abril. Seguro que estuvo practicando años, y un solo error resultó definitivo. Yo solo presencié aquel último intento por aprender a levantarse, pero me quedó claro que 7 son demasiados pisos para que una capa de arbustos en flor y un almendro que lo que te da con sus ramas te lo quita con sus troncos amortigüen la caída.
He buscado entre sus cosas, pero no he encontrado notas que me sugieran por donde continuar su legado. ¿Habrá conseguido levantarse tras saltar de un 6º? ¿Estuvo haciendo pruebas paulatinas o, en realidad, no pasó por los estadios necesarios, precipitándose de varias maneras?
Por si acaso, probaré con el entresuelo.
Este relato de Daniel Ramírez es el ganador del Tercer Premio de nuestro Concurso de Primavera, un certamen exclusivo para estudiantes de La Llama School.






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