Si hablamos de periodismo freelance y centramos el foco en prensa escrita, los consejos se acostumbran a dar con una sonrisa congelada en los labios, como si el Joker te hubiera fumigado con su gas tóxico. Uno no se enriquece en España dedicándose a mercadear con sus conocimientos. Raro es el día que la nevera de un periodista freelance ofrece algo más que dos yogures caducados. Así pues, lo consejos que uno pueda aportar no se acercarán lo más mínimo a la panacea, más bien son trucos de supervivencia para no sucumbir en una jungla hostil.

Hay que darse una ducha fría de realismo: el freelancismo está mal pagado. El descenso de las tarifas, especialmente en prensa escrita y páginas web, ha sido mareante. Incluso ha vuelto la vieja costumbre de trabajar a coste cero a cambio de esa estupidez llamada visibilidad. Pero no hemos venido aquí a revolcarnos en el drama. El victimismo es un lastre en esta profesión. Una profesión que también tiene sus buenos momentos. Grandes momentos. Y merece la pena sacrificar una vida segura con un trabajo de 9 a 17h por ellos.
Hablemos claro, el periodista freelance tiene algo de inadaptado. Sus nalgas no pueden estar más 2 horas pegadas a la misma silla. Y si algo bueno tiene este trabajo es el movimiento. Un día estás entrevistando a Mario Vaquerizo porque ha comercializado un champú para perros. Otro día te envían a una churrería hipster que vende trescientos pollofres al día. Y por la tarde sección sobre series en Catalunya Ràdio. Y así ad Infinitum, o lo que es lo mismo: hasta llegar al fondo de tu cartera de clientes.
El periodismo freelance te ayuda a salir del cascarón. Te obliga a ello. Te pasea por el mundo, te convierte en un alumno en constante aprendizaje y, con un poco de suerte, te lleva incluso a entrevistar a tus ídolos, para comprobar que, efectivamente, en la vida real son casi todos unos gilipollas. El periodismo freelance te permite tejer una telaraña de contactos, amigos, compañeros de locuras, pilotos suicidas de tu calaña de los que siempre puedes sacar jugo. En el periodismo freelance se pierden muchas pamplinas y se gana pellejo: te conviertes en tu propia empresa, aprendes a venderte, tienes que ejercer también de gestor…
Toda esta perorata para decir que periodismo freelance es buscarse la vida. Y buscarse la vida también puede ser un arte.

Búscate la vida como periodista freelance con más perlas de sabiduría de estos dos reputados miembros de la profesión, Òscar Broc y Toni Garcia Ramon, en su Curso de Periodismo y Humor.





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