Disculpadme por intentar plantear una metáfora futbolera sin entender yo de fútbol: Ser guionista implica, casi siempre, trabajar en equipo. Sobre todo cuando escribimos televisión. En ciertas series y programas, podemos incluso llegar a formar grupos de 11 jugadores, como en el fútbol. En nuestro caso no se trata de un “11 contra 11”, sino de un “11 contra miles, o incluso millones” de espectadores.

Es comprensible que quieras destacar dentro de tu equipo convirtiéndote en un guionistas delantero. He decidido bautizar así al que “mete goles”. En el mundo del guión, meter un gol es proponer esa idea que funciona, esa trama que es aceptada por el coordinador o la cadena, ese chiste que sobrevive hasta la versión final de guión. Todo ello de gran importancia, sí, pero los partidos no se ganan únicamente metiendo goles. La pelota se tiene que mover, cada idea debe sortear decenas de obstáculos antes de llegar a tiro de portería, y ahí es donde resulta crucial la labor del guionista centrocampista.
Estamos hablando del tiqui-taca del guión. Normalmente, para que la idea llegue a los pies del guionista delantero, tanto él como sus compañeros la han tenido que marear, pasándosela de una cabeza a otra. Un equipo de guión sin centrocampistas es un equipo cojo. Las ideas son bolas de estiércol que crecen cuando ruedan de boca en boca. Ésa es la labor más crucial del guionista centrocampista: Mantener la pelota en movimiento. No hay nada más desolador en un brainstorming que esos silencios tensos que casi se pueden masticar. Sólo se escucha en la sala el chisporroteo de los cerebros achicharrándose, girando en vacío, buscando soluciones imposibles, pensando involuntariamente en otras cosas para escapar de allí. En esos momentos de calma chicha, el guionista centrocampista rompe el silencio proponiendo algo aun a sabiendas de que su apuesta no va a acabar en gol. ¡Da igual! En esos instantes del partido lo más urgente no es golear, sino reanudar la dinámica de juego. En el contexto de un brainstorming se lanzan muchísimas ideas que no funcionan, pero sirven de inspiración para generar otras ideas que sí dan en el clavo. Nunca sabes a dónde te va a llevar una idea que no funciona, pero al menos te llevará a algún sitio. La creatividad tiene mucho que ver con la energía, la fluidez, el movimiento. Ningún barco navega en aguas estancadas.
El guionista centrocampista genera un clima de actividad y bienestar. Existen personas que, sin hacer aparentemente nada, favorecen que la gente que está junto a ellas tenga ideas.
¿Qué podemos hacer para que el centrocampista ibérico no se extinga? En mi opinión, la clave está en los capitanes de equipo: Hacen falta buenos coordinadores de guión. Un buen coordinador debería ser, de hecho, el mejor centrocampista del grupo. Debería ser el primero en generar buen ambiente, en procurar que el balón esté siempre rodando, en transmitir a sus guionistas la confianza necesaria para que no sientan evaluados continuamente. Si cada jugador sale al campo pensando que lo van a echar del equipo si no mete suficientes goles, la estrategia estará regida por el miedo. Los guionistas se sabotearán unos a otros intentando acaparar el balón.
No es ningún secreto que los guionistas poseemos un poco más de autoestima que un actor, pero bastante menos que un perro. Cuando entramos nuevos en una serie o en un programa, estamos demasiado pendientes de los goles. “Si no meto suficientes, a lo mejor no me renuevan.” Luego pasa el tiempo y, si jugamos en un buen equipo, si nos relajamos y disfrutamos jugando al tiqui-taca, terminaremos la jornada con esa hermosa sensación de que los goles son de todos.
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