Vamos a conocer tres de las particularidades del humor absurdo, incidiendo en su principal característica, que es la falta de lógica.

Es una tarea antipática la de diseccionar el humor por tipologías o la de listar sus características. Porque el humor, primero de todo, es impuro, bastardo, nace y crece al calor de lo popular, del ingenio y de lo espontáneo, y sabe mal enjaularlo en fórmulas férreas. Sin embargo, vamos a definir tres singularidades del humor absurdo en esencia que lo diferenciarían del costumbrista, de la sátira política, del humor negro y de tantos otros.
La definición básica del absurdo alude al resultado de la interrupción de la lógica. Una frase muy de la cultura española como “¿Dónde vas? – Patatas traigo” es un ejemplo ideal: formula una pregunta cuya respuesta está completamente desconectada. Ha habido un corte. Esta idea de la rotura, de la dislocación, es un elemento clave en el humor absurdo. El collage encarna a la perfección el mecanismo de ruptura del sentido al ser un procedimiento basado en el corta-pega. Es una recontextualización de fragmentos originalmente separados. El collage y el humor absurdo nacen hermanados en el mismo contexto histórico, en el periodo de las vanguardias artísticas europeas, un entorno de ruptura con las convenciones. Hoy, más de un siglo después, encontramos en el meme la misma fórmula constructiva corta-pega. Por ello, muy seguramente, es el vehículo que mejor mantiene viva la llama del absurdo.
Otra característica del humor absurdo es que busca la evasión de la realidad y, por ello, evita hacer referencias a hechos, personajes o situaciones políticas coyunturales. El absurdo puro no lo encontramos en la sátira política, despachándose con este o con aquel político de turno. El absurdo contiene una esencia metafísica que apela a la rotura de todo lo convencional, incluido el propio lenguaje. Es un humor en contra de la lógica y de la la realidad. En este sentido, es muy representativa la célebre imagen de Ramón Gómez de la Serna subido a un columpio en el Circo Price en 1923: el absurdo se eleva como una forma de pensamiento filosófico, y observa el mundo desde una perspectiva lúdica y suspendida de la pura actualidad.
Por último, merece la pena mencionar un factor que quizás pueda parecer una obviedad: el humor absurdo debe ser una practica consciente. El uso tan dilatado del adjetivo ‘absurdo’ para referirse a algo insólito o bochornoso hace que el humor absurdo llegue a confundirse con conductas chocantes por parte de alguien que no es consciente ni desea hacer humor. Que Fernando Arrabal se suba a una mesa en un plató de televisión en calcetines puede parecernos absurdo, pero él seguramente no consideraba que estaba haciendo ninguna práctica de humor absurdo. Así pues, aunque haya una multitud de actitudes y situaciones que nuestra subjetividad tilda “absurdas”, el humor absurdo siempre debe ser una práctica humorística deliberada.
He aquí tres argumentos para valorar el humor absurdo puro. Ahora, haz la prueba ¿quién los cumplirá?

Mery Cuesta es crítica cultural, con trayectoria en los periódicos La Vanguardia y El Mundo, y en Radio Nacional de España. Es comisaria de exposiciones sobre cultura popular y el outsider art, entre las que se encuentra “Humor absurdo: Una constelación del disparate en España”. De esta exposición además publicó un libro ensayo: «Humor absurdo», editorial Astiberri.
Además, es profesora en LaLlamaSchool.com del curso «Humor absurdo, una panorámica en España». Está incluido en la suscripción de tan solo 14€/mes junto con todos nuestros otros cursos, Masterclasses, Encuentros con profesionales y demás contenidos formativos sobre comedia.





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