Llega un momento, en la adorable y terrible adolescencia, en el que alguien, normalmente una profesora o el orientador del instituto, te pregunta: ¿Y tú, a qué te quieres dedicar en tu vida adulta Y te lo preguntan en serio, no como cuando eres pequeña y les parece adorable cualquier respuesta y digas lo que digas, les va a hacer gracia y van a aplaudirte.
Quiero ser dibujante de cómics de humor y publicar en El Jueves.
Mamen Moreu

El orientador puso los ojos en blanco y suspiró, ser repetidora tampoco ayudaba mucho, supongo que me dio por un caso perdido. Ya véis, cuando quieres dedicarte a dibujar cómics de humor los inicios no son fáciles.
Me obsesionaba comprar la revista El Jueves cada semana, aunque admito que también compraba la Super Pop, así que menos mal que no me dio por querer dedicarme a los horóscopos. Aunque igual ahora sería la nueva Esperanza Gracia, nunca se sabe.
El caso es que me reía muchísimo con las páginas de «Tato, con moto y sin contrato», de mi admirado Albert Monteys. O el «Para ti que eres jóven», que dibujaba y guionizaba junto a Manel Fontdevilla. De este último, me encantaba «La Parejita», o «Dios mío», de J.L Martín. El trabajo de Bernardo Vergara o las páginas de Mauro Entrialgo.
El cómic de humor era la forma en la que yo quería contar las cosas que me pasaban: Sin censura, riéndome de todo, con personajes que gritan, lloran, cagan y vomitan, como tú y como yo. Dibujar desde mi preocupación más profunda a la tontería más grande. Me enganchaba el formato de una o dos páginas autoconclusivas de cada serie, me divertía todo lo que contaban los personajes tan solo con sus expresiones exageradas, el dibujo sencillo y a la vez tan elaborado para conseguir transmitir tanto con pocas líneas.
Por aquél entonces no conocía mucho más cómic que el patrio, pero unos pocos años más tarde, llegó a mi vida «Odio» de Peter Bagge y me voló la cabeza, sitcom del cómic underground por excelencia. Me enganché por completo a la desastrosa vida de Buddy Bradley. Y también a la autoficción sin tapujos, como la que contaba en su obra Joe Matt narrando su miserable existencia en «Pobre cabrón». Estos y otros muchos autores marcaron un antes y un después en todo lo que escribí y dibujé después.
Hay muchas formas de contar historias, pero es todo un reto adaptarse al formato de cómic de humor, conseguir que cada engranaje funcione, elaborar unos personajes que te hagan reír, pero también quererlos, odiarlos, todo a la vez. Que la historia enganche, que encaje a la perfección con el formato. Inconscientemente estudié cada una de sus páginas y de muchos referentes más, bebí de su obra para agitarla y construir la mía propia.
Han pasado veinte años desde que el orientador del instituto me preguntó a qué quería dedicarme y puedo decir que, aunque por aquél entonces no paraba de equivocarme, acerté la respuesta. Me dedico y quiero seguir dedicándome profesionalmente a escribir y dibujar cómic de humor.

En mi curso de La LLama School, «Creación de una sitcom en comic» podréis escuchar algunos consejos y trucos que he aprendido en más de diez años escribiendo y dibujando historias, para que tú también te animes a crear las tuyas.





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